Un último regalo. Seguid danzando.

Cada San Juan E. vivía un infierno. Todos salíamos, reíamos, bebíamos.. E. sólo rezaba para que pasara cuanto antes. Ese día, los anteriores y todos los que venían después.

Hoy E. ha vuelto a casa. Allí no le llegará el sonido de los petardos, pero sé que seguirá llevando el estruendo en su cabeza. Hoy soy yo quien ya no puede escucharlos sin estremecerse, curioso legado me has dejado..


E. estuvo en Afganistán durante la ocupación soviética. Tenía la mirada más dulce que he visto en mi vida.


No tienes ni idea de las veces que me acuerdo de ti. Ni del bien que me hiciste sin saberlo.


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